miércoles 28 de septiembre de 2011

Un Elefante




José Luis Pachman




Un elefante, un pesado elefante obstruye la principal avenida de la ciudad, le tocan bocina, lo insultan, pero apenas puede mover sus redondas patas para poder llegar a su trabajo. Está muy ocupado pensando, porque tiene la virtud o la desgracia de una memoria prodigiosa. Recuerda con recelo al cazador blanco apuntando con una carabina de grueso calibre. Pero es sólo un momento y luego se desvía por un baldío para descongestionar el tránsito. Pronto llega a la oficina, que fue diseñada para su tamaño, y se sienta al lado de su secretaria joven, bilingüe, rubia de ojos celestes que sueña con tener una casa y muchos hijos. Entre lluvia de papales hacen pausas de trabajo, ella le hace masajes en su trompa y él se olvida del cazador blanco. Aunque la chica es humana y él un viejo paquidermo, esto no les impide soñar. Porque a la secretaria le gustan los imposibles y a su jefe también. Ella quisiera ser una elefanta y él tener el tamaño de un hombre, pero tienen miedo y el miedo se parte de la realidad. No obstante la joven olvida las utopías y se conforma acariciando la enorme trampa arrugada, él en cambio sólo mira la manito pálida llena de anillos y uñas pintadas.

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