
Apareció Desvío Cósmico N° 14
con plantel completo:
Timonayre
Bori
Plumafácil
Padilla
El Kuqui
Don Cósimo
La diatriba cósmica no da tregua a casi nada que se mueva por el universo

Cuando recibimos la invitación no estábamos muy convencidos de asistir a la ceremonia. Pero con el paso de los días nos dimos cuenta de que era una buena oportunidad de cenar y beber prácticamente gratis. El casamiento era un día sábado, como convencionalmente se estila, y entonces elegimos nuestros mejores trajes y nos dispusimos a la fiesta. Elegí mi clásico traje negro y ella, un sensualísimo vestido que jamás le había visto. Camino a la fiesta nos detuvimos en un kiosco a comprar pastillas de menta. El tipo que nos vendió las golosinas no paraba de mirarla, y yo gozaba de un placer casi perverso al saber con total certeza que ese objeto del deseo no se concretaría. Tenía en el bolsillo del saco un paquete de cigarrillos de veinte, y fingí habérmelos olvidado. Ella afablemente se devolvió al negocio para comprarlos. Oí el ritmo acompasado de sus pasos. Eran armónicos. Ella es actriz, y siempre pienso que está actuando. El tipejo no podía dejar de mirarlos, a ella y a su vestido.
En la boda, pasaron ante nuestra mesa un sinfín de familiares de los que sólo recuerdo sus caras de otras bodas y algunos velorios. Me presentaron a un tío lejano proveniente de Puerto Rico, al cual no veía desde que era niño, y que había venido especialmente para asistir al evento. Nos palmeamos con un fuerte abrazo y lo primero que notó de ella fue el sublime vestido que llevaba puesto. Sonreí socarronamente. Intercambiamos números de teléfono y él fue a sentarse a otra mesa. Le dije a ella que hubiera sido imposible soportar la cadencia caribeña.
Durante la cena noté cómo ella se arreglaba el vestido y le hice saber que estaba perfectísima, que no era necesario ningún ajuste. Me dijo que temía que quedara al descubierto la marca del triciclo. Cuando niña, a los tres años, sufrió un pequeño accidente que dejó como saldo un sello en el omóplato derecho. Ese es un asunto que siempre la ha tenido muy atenta.
Comimos, bebimos y bailamos. Brindamos, bebimos y festejamos. Brindamos, bebimos y brindamos.
De regreso, ella se designó conductora del vehículo, y en el viaje yo me puse un poco cargoso y comencé a venerar su vestido. Cuando llegamos, me dio a elegir con la luz encendida o apagada. Elegí la luz encendida. Mientras se desvestía comenzó a mirarse en el espejo. Yo fumaba desnudo en la cama. La marca del triciclo había ganado nuevamente su atención. Le dije que quería ver su calimba. Ella apagó la luz burlonamente y fue al baño. Volvió y encendió la luz. Yo ya me había puesto su vestido.

Por Natalia Bori
Los seres humanos tenemos un gran interés en personificar a los animales, mistificarlos, encasillarlos en buenos o en malos, sagrados o maléficos. A mí particularmente me interesan los gatos, por ese sentido de compatibilidad que comúnmente se les asocia con ciertas mujeres.
El origen de este fenómeno proviene del Antiguo Egipto, los egipcios creían descender de un gato y por lo tanto se les tributaba una religiosa adoración. La diosa Bastet, por ejemplo, (representada por una figura de mujer con cabeza de gato), podía vivir en el cuerpo de los gatos y sondear a través de sus ojos el ánimo de los hombres, controlando sus acciones. También muchas mujeres, como Cleopatra, cultivaban un aspecto felino, no solamente en cuanto a lo físico, si no a lo que comúnmente se llama “astucia gatuna”. Cuenta la historia, que esta bella mujer no solamente impactaba con su figura, si no también con su intensa voluptuosidad en el habla y en el trato, instrumentos que utilizaba muy bien y siempre a su favor. A través de su tono de voz, dulce y armonioso, conseguía todo lo que se proponía. Julio Cesar quedó deleitado ante tanta belleza, al enamorarlo ella recuperó su deseado reinado. Los romanos detestaron a Cleopatra, y luego de años de lucha y conspiraciones lograron destronarla. Fue acusada por uso de magia, incesto, adoración de animales, drogas, embriaguez y lujuria desenfrenada. Fue por eso también que demonizaron a los gatos, y fueron perseguidos y catalogados como enviados del diablo y animales del mal. Muchos gatos fueron quemados junto a sus dueñas acusadas de hechiceras. Se prohibió tener gatos en las casas, las campañas religiosas acusaban de brujería a cualquiera que tuviera uno, y si se trataba de un gato negro, la condena era segura y más tortuosa.
Tal vez esto sea el antecedente de un gran dilema en la actualidad, me preguntó: ¿por qué a las personas que no les agradan los gatos, dicen que es porque son interesados y traicioneros?; ¿por qué si se te cruza un gato negro tenés mala suerte?; ¿por qué el gato es repugnante por ser exigente y el perro es mejor porque es obediente?; ¿Quién me explica la pelea entre perro y gato? Cómo no va ser el perro el mejor “amigo” del hombre, si este es amo y señor… del perro. Perro bueno, obediente, dócil, servicial y tan agradecido si fue recogido de la calle. ¿Verdaderamente, hay amistad ante tanta omnipotencia? Mmm… vaya a saber uno, qué dirá el perro.
En la actualidad, la diosa Bastet tiene que desarrollar algunas cualidades a modo de supervivencia, a pesar de la domesticación aún resguarda su independencia y su desconfianza. Para ello incorporó un tipo de ronroneo como instrumento de solicitud de comida o de placer. Este tipo de ronroneo, difícil de ignorar, constante y hasta a veces desagradable, resulta ser más apremiante que los ronroneos que expresan satisfacción. Aparentemente, esta astucia del ronroneo de desesperación funciona únicamente para los gatos que viven solos con su dueño, dueño con sentimientos paternalistas… ¡claro! En cambio, los gatos que viven en familias felinas se ven obligados a recurrir a los viejos maullidos para expresar sus deseos, viven en un estado más salvaje y, pese a no ser gregarios, pelean por el respeto de sus espacios y por una adecuada convivencia.
Así vemos como las félidas que provienen de la familia de gatos traumáticamente domesticados, son oriundas de barrios elegantes de la capital, poseen cuerpos esbeltos, voluptuosos, tienen personalidades polifacéticas y por supuesto algunas mañas. Son mamíferas, cazadoras y muy sigilosas. La mayoría consume exclusivamente carne e ignora cualquier comida que no sea una presa viva y adinerada. Capturan a su presa con su astucia y suelen tenerla bajo su poder hasta que esta pierda todas sus dotes. A diferencias de otros felinos, es una especie que no corre peligro de extinción. A pesar de las diferencias que existe entre felinas domésticas y salvajes, ambas conservan su autosuficiencia, su independencia, pero esto no significa que sean incapaces de sostener una relación afectiva, les gusta el buen trato, los mimos y el sosiego, poseen control de sus emociones y disponen de artimañas para dejar en claro quienes son.
Sin embargo, vale la pena denunciar que ambos felinos están sufriendo algunos cambios, que generalmente llevan a aumentar su dependencia con el hombre. Esto se debe a la promoción de la castración, a fin de que el minino permanezca más tiempo en el hogar, no irrite a los vecinos y poco a poco se convierta en un gato almohadón. Aun así, dichos cambios no son suficientes, al menos en la actualidad, como para alterar la naturaleza o la intensidad de la mayoría de las respuestas comportamentales de ambos tipo de gatos.
Leer esta nota escuchando Gato Colchón de Elegante Sport: http://www.elegantesport.com/musica/#gato
Por Plumafácil Ante la pregunta, mi respuesta, sin dudas, es sí. Claro que sí, quiero ser, ansío, necesito ser Ricardo Mur. Ricardo Mur: la única estrella del espectáculo mendocino.
Aclaro antes de seguir con esta loa incipiente a un sancarlino que se vino con un cartón adelante y una bolsa de arpillera atrás: Mur, como buen trabajador (no nos olvidemos de esto), percibe un sueldo. Con una mano en el corazón y la otra tanteando la billetera, dígame usted señora, usted señorita y usted también, señor ¿Qué hace si de la empresa de la competencia de la suya vienen a ofrecerle un sueldo mayor, mucho mayor, por menos horas de trabajo y un trato más considerado que el que se le venía prodigando? ¿Ah? ¿A ver qué contestan ahora todos esos que hablan de lealtad? ¿Tuvo acaso Ricardo que delatar algún plan secreto del 9 para sellar su pase al 7? No que se sepa y, además, los espías son siempre los más inesperados y, esto es más importante, no creo que haya alguna idea reveladora que tenga una emisora y la otra no, con excepción, claro, de la gran antena que tiene Canal 7 que, sí, la tiene más larga.
Pero volvamos al tema que nos compete ¿de dónde tanto revuelo porque se haya cambiado de canal un tipo al que todavía lo seguían mandando a cubrir notas a la calle? ¿Un tipo que vio cómo ascendían otros con menos trayectoria y él seguía clavado en su función y, sí, en su sueldo? ¿Por qué habríamos de perder la confianza en un hombre que hace lo que el sentido común y el sano juicio le conducen a hacer? No nos olvidemos de Marcelo Sisso. Si quieren putear a alguien que se a él. Marcelo estuvo primero en el 7, después en el 9, y después de nuevo en el 7… ¿y se enojan con Ricardo? ¡Por favor!
Otro argumento en contra de Mur es que se va al canal de Vila, un hombre nefasto, con un pasado nebuloso y un futuro con zonda y polvareda. Se dice que nadie sabe de dónde viene su fortuna, que es un hombre misterioso… ¿pero acaso nunca usted se encontró $2 en un bolsillo propio y, sin siquiera averiguar su origen, los invirtió en un paquete de philip morris 10? Yo creo que estamos hablando de lo mismo, nada más que a una escala diferente, más que nada porque después del 2 vienen muchos números más.
Pero sí, señora, señor, chicas… quiero ser Ricardo Mur: basta con verlo en las mañanas, corbata nueva, vestido ahora en Li Baffi, al parecer en pareja perfecta con Laura Carbonari, todos los noteros le hacen bromas bienintencionadas, tratando de caerle en gracia a
Cada vez son menos los misterios de la ciencia y cada vez más los que inundan el corazón humano.
(Se la sigo mañana)

por Marcelo Padilla
No es para sorprenderse, a esta altura de los acontecimientos, con la propuesta del diputado Daniel Cassiafantasmas. El legislador pero…peronis… (No me sale el final, disculpen, no sabría hoy cómo definirlo, porque por estos días, su veleta política le indica vientos hacia De Narváez y Macri, que como todos sabemos, tienen un plan) Retomo, no da puntada sin hilo sobre el tema seguridad (¿su especialidad?) Y sí, Cassiafantasmas también tiene un plan, y desde hace tiempo. Es el referente más crítico de la gestión de Jaque, por derecha. Y eso, ya es mucho decir. No le ha costado imaginar su nuevo proyecto, tampoco le ha costado diseñarlo, porque su metié es pensar día a día, cómo proponer medidas más duras para el conjunto de la población, sintonizando, de modo oportunista, con la sensación de hastío de la población bajo la inseguridad reinante. Ahora su blanco son los jóvenes, pero no los jóvenes que cometen delitos, solamente, sino “todos” los jóvenes, por la dudas. Especialmente los más vulnerables, los adolescentes.
La teoría de la manzana podrida en el cajón de las manzanas rozagantes es, sin dudas, su marco teórico, su fundamento pedestre y vacuo. Para Cassiafantasmas “ser joven” es ser sospechoso per se. Los jóvenes han demostrado que se rebelan, primero en la casa con sus padres, luego en la escuela con sus maestros, posteriormente en la calle contra otros jóvenes cuando se cagan a trompadas. Y además contra la autoridad, en cualquiera de sus formas.
Pero aún más, los adolescentes constituyen para Cassiafantasmas “el enemigo interno”, ¿Se acuerdan? Sí, Doctrina de
“Toque de queda” (una expresión cuanto menos exasperante en democracia) para los menores. De ocho y media a seis de la mañana no podrán circular sin autorización de sus padres; de lo contrario, un glosario de amenazas. Piensa el diputado a
Comunicado de prensa número 1:
250 menores fueron detenidos a la salida de una matiné mientras comían un pancho en las afueras del local bailable.
Comunicado de prensa número 2:
138 padres fueron multados por permitir que sus hijos caminaran por el centro de la ciudad Capital a las 23 hs.
Comunicado de prensa número 3:
En una feroz balacera mueren abatidos 12 niños de entre 13 y 16 años quienes se resistieron a la autoridad policial arrojando piedras a los móviles.
Comunicado de prensa número 4:
El diputado Daniel Cassia es electo Gobernador de la Provincia de Mendoza en elecciones anticipadas.
Comunicado de prensa número 5:
La delincuencia fue eliminada en Mendoza, ha sido extirpada del cuerpo social. Podemos dormir en paz. Mendoza está en orden.

Por El Kuqui
Cuando el niño despertó, vio un pájaro muerto en su ventana. Mirando detenidamente al ave, recordó a su madre contando el repetido cuento del ángel guardián. Esa historia lo hacia dormir como canción de cuna. Imaginaba que el ángel entraba por su ventana. Era una figura sin rostro que levitaba en el techo. Aunque intentaba, nunca pudo imaginar una cara para el ángel, mucho menos su mirada. Su madre le decía que ese angelito venía del cielo para cuidarlo de enfermedades y miedos. Pero ahora, el recuerdo se representaba en ese pájaro muerto. Se levantó despacio y caminó hasta la ventana. Unas hormigas coloradas comían los ojitos del ave. Levantó el pequeño cadáver y recordó a su madre en el féretro. Las hormigas picaron sus manos y dejó el ave en el mismo sitio. Le repugnó el pájaro, y ese ángel inútil. Se acostó de nuevo, rascando sus manos enronchadas de picaduras. Tapó su cabeza con la frazada, y de abajo se su almohada extrajo un pequeño espejo y una linterna para jugar. La encendió iluminando su pupila y se miró en el espejo. A través de la luminosidad y el reflejo de su ojo, comenzó a sentir que sus brazos se cubrían de plumas. Presintió en su vuelo una forma de huir, entonces se lanzó desde el brillo de su iris. Desde muy alto veía a su madre contándole el cuento a orilla de su cama. De golpe un poderoso viento entró al dormitorio con hojas y lluvia. Entonces apagó la linterna, se levantó, y al cerrar la ventana, se cortó la cabeza del pajarito con el filo metálico. Luego guardó el pequeño cuerpo en una cajita, la roció con nafta y le prendió fuego.


Por Timonayre
Al ser ascendido en la empresa lo primero era conseguir una secretaria, pero por consejo de mi mujer debí elegir un secretario. Por ese entonces las cosas con mi mujer no estaban del todo bien. Había días en los que yo no dormía en casa, había días en los que ella hacía lo mismo. La noticia creo que fue un paño de agua fría. Como primera condición, me decía mi mujer, tu secretario no debe ser un hombre joven, a través de la edad, vas a absorber experiencia. Sí, sí y más sí, respondía yo un poco aturdido por el cambio de funciones y ese matrimonio que se deshacía. Nunca toleré la intromisión de mi mujer en todos y cada uno de mis asuntos, ni mucho menos en mis asuntos laborales. Es decir, que yo sabía de sobra lo que era levantarse a las seis de la mañana, ponerse el traje, encender el motor del auto y dirigirse a la empresa, a liar con un montón de obreros sindicalizados, y jefes parcos ante cualquier acuerdo entre capital y trabajo.
Coloqué un aviso en el diario y los postulantes se fueron presentando. No podía perder mucho tiempo, estaba colmado de trabajo, debía demostrar que era el mejor para ocupar ese puesto tan preciado entre tantos buitres dando vuelta alrededor. Por ese tiempo comencé con la acidez en el estómago. Mi mujer me telefoneaba a cada rato para pedirme las características de los postulantes. Este es estudiante, le decía yo, y ella del otro lado del tubo contestaba: le falta experiencia, no te va a convenir. Finalmente di con un hombre de cuarenta años de edad. Era un tipo que había trabajado como secretario de un diputado. Le expliqué el horario, el sueldo, le hice saber en forma sutil que todo debía salir perfectamente bien, que no podía arriesgar el puesto por descuidos ni tonterías. El hombre asentía con la cabeza. Tenía buena dicción al hablar, buenos modales y vestía de primera. En esa cita inicial me dio vergüenza que me viera los zapatos, esa misma mañana salí apuradísimo y no tuve tiempo de lustrarlos. El hombre estaba impecable desde la punta de los zapatos hasta el peinado que llevaba. La primera tarea que le di fue la de ir a comprar cera para lustrar los zapatos. Al llegar se puso a prepararme el discurso de ascenso. Di un parlamento breve y locuaz.


Por Romina Garshabene
Sí, ¡que la sigan mamando! La palabra humilde viene de humilis, que significa de la tierra, del humus: la putrefacción de los animales y de las plantas cuando entran en descomposición. En la antigua Roma los humilis eran los seres despreciables, los que estaban tan lejos de los dioses que rasaban la tierra y hasta eran parte de ella. El significado que tiene hoy la palabra humilde llegó con el cristianismo, que revindica al pobre, al bastardo, al mísero, y desde entonces cambió su carácter peyorativo por el de una cualidad de virtud moral: el humilde es el que da todo por el prójimo y no le importan ni los honores ni las riquezas, aunque todavía se siga utilizando el término humilde para describir a los desposeídos, a los que siguen estando más cerca de la tierra que del cielo. Después de las voraces declaraciones que vomitó el técnico de la selección argentina de fóbal contra la prensa deportiva, todos los voceros de la estupidez salieron a pedirle algo de sobriedad y humildad, sobre todo humildad, es decir, salieron a decirle que se calle la boca, que vuelva al fango, que no se olvide que viene del humus, que su condición y por tanto su responsabilidad es la de servir a los señores, etc. Nunca sabremos que es lo que realmente piensa la gente de todo esto, pero por ahora me quedo con una reflexión de Galeano, cuando explicó que la gente cree en Diego como en un dios y lo defiende como tal, porque es un dios sucio, un dios pecador, un dios muy parecido a los mortales, un dios cercano al suelo, a la putrefacción, al humus y a los humilis. Este sucio dios pecador de barro cree en sus palabras y construye un templo con ellas, mientras que hay quienes la siguen chupando, y la tienen adentro, y la están mamando.

(Cuento Anónimo, sugerido por Alejandro Vinet)
Siempre andaba con un espejo encima para practicar miradas, a ver si se fortalecían, pero lo increíble era que bajaba la vista ante su propia mirada. Arto de su débil mirar una noche se metió en un banco de órganos y se robó muchos frascos con ojos que esperaban para ser trasplantados. Eran cientos de pares de ojos que Danielito empezó a criar y a entrenar en su casa. Les pasaba películas de acción y de terror y los llevaba de un lado a otro para que pudieran ver lo peor, lo más horrendo, y así lograr que tengan una mirada fuerte, sólida, categórica e invencible. Los empezó a cruzar entre sí, a reproducirlos, los ojos vivían en su casa y correteaban por el patio y la cocina, y cuando venían visitas, para disimular, se subían a la parra y se hacían pasar por uvas. Después de meses de entrenarlos vio un par de ellos que eran más brillantes que los demás, y observó cómo, cuando ese par de ojos miraron a un gato que los quería atrapar, el gato desapareció.
-Esos son los ojos que quiero para mí -dijo Danielito-. Y a la noche se trasplantó los nuevos ojos y dejó los suyos por ahí.
Al otro día Danielito se despertó, miró con bronca el despertador y el despertador desapareció. Ya no sólo tenía una mirada dura y solvente, firme y valiente sino que era tan fuerte que hacía desaparecer todo lo que no le gustaba, y así fue como Danielito salió a la calle y ya no caminaba raro, y le mostró a la gente cómo hacía desaparecer lo que no le gustaba o le daba bronca: pomelo Quatro, la panadería
Ya se sentía otra persona, más respetada, más temida. Ahora era el canario el que bajaba los ojos cuando él lo miraba y todos los habitantes del pueblo también. Pero un día se puso a charlar con un amigo. El amigo le dijo algo que a Danielito no le gustó y sin querer lo miró mal, y a la mierda el amigo. Desesperado por la culpa y el homicidio que había cometido trató de escapar, pero fue a la terminal, miró un micro y lo hizo desaparecer. Ya no podía dominar su poder, por lo cual optó por cerrar los ojos y alejarse. A ciegas llegó hasta el tanque de agua del pueblo y se subió a la casamata que remataba la torre. Allí lloró tratando de pensar qué hacer de su vida, pero alguien advirtió su presencia, y llegó la policía y los bomberos, además de una brigada de oftalmólogos.
-Danielito baja de ahí. Sabemos que pulverizaste a tu amigo Pepe , entregate.
-No, no lo hice a propósito -contestó Danielito-, entiéndanme, pasé toda mi vida bajando la vista, no podía mirar a nadie a los ojos, sólo quería cambiar.
-Ya es tarde Danielito, deberás pagar tu culpa de querer cambiar y dejar de ser como los demás querían que seas -le gritó el comisario que había cursado dos materias en Psicología.
-¡Váyanse o los miro! -amenazó Danielito asomándose a la baranda, tapándose los ojos con la mano.
-¡Danielito, soy tu novia Emilce! -le gritó su novia que llegaba tan linda y estúpida como siempre.
Danielito se distrajo y la miró. A la mierda la novia.
Y después miró a los policías y a los bomberos, y a todo el pueblo y todo el pueblo desapareció. A la mierda todo.
Entonces Danielito se dio cuenta de que era demasiado, y sacó su espejo del bolsillo, se miró y se suicidó.
Y del pueblo de Santa Lucía sólo quedó la torre del tanque de agua y un espejo.

Por Don Cósimo
Ya lo dice el tango: cuando la suerte que es grela, que significa mugre y mujer al mismo tiempo, fallando y fallando te largue parao, verás que todo es mentira, verás que nada es verdad, mientras tanto seguirás intentándolo. La suerte es la amante más imperfecta, impetuosa y odiosa, y lo peor es que no es pura ilusión, tiene su parte de fascinación por lo inesperado y su otra parte de locura turbia y amarga. Identificarla suerte en el juego con la conquista palpable de la mujer amada y deseada, que a la vez es engañosa, traicionera y pérfida, pero que instantáneamente se vuelve sensual e irresistible, es el logro filosófico más importante de los poetas urbanos. Descubrimiento que además echa por tierra ese estúpido lema infantil que reza “suerte en el juego, mala suerte en el amor”.

Por Romina Garshabene
Por la ruta siete estoy regresando de mi “Río Cuarto querido” a esta vieja ciudad que me está adoptando como su hija pródiga, Mendoza, que dicho sea de paso cada vez se parece más a mi madre, maquillada al extremo, encajada en sus calzas fucsias cuatro talles menos y muy devota de sus santos utilitarios. Con la cara pegada a la ventanilla leo los carteles que me dan la bienvenida cual si fuera la primera vez, y nunca me dejan de sorprender. Gaseosas, salchichas, cigarrillos, barrios privados con lagos y shoppings internos, otras marcas de gaseosas y mucha timba. La quiniela oficial destina, la trucha no destina un carajo, no sea insensible señora, no malgaste sus vicios y ayude a los pobres en el más miserable de sus actos. El casino del Estado te deja ingresar con zapatillas lustrosas y podés pagar en pesos chilenos, bolivianos, ecuatorianos y hay una maquina que recibe monedas de
Pero volviendo a mi mamá y su parecido con Mendoza, debo confesar que fue tan gradual e imperceptible el proceso en el que fue virando su devoción por Santa Catalina, patrona del pueblo, por una ferviente fe en el azar que le ofrecían las maquinas tragamonedas de los bingos, que ningún miembro de mi familia pudo pararla a tiempo. Jueves, sábados y algún domingo que se sienta deprimida, la señora se emperifolla toda, se empina dos copitas de anís y sale muy apresurada para el “culto”. Se ha tomado tan en serio su nueva religiosidad y está tan convencida que Cristo se manifiesta en las combinaciones de las máquinas, que dice haber descubierto mensajes secretos y sagrados en cada tirada de palanca. Pero lo que aconteció hace unos meses atrás fue el colmo. Sucedió que mi hermano menor se sentía algo descompuesto y sin ganas de comer, y entonces mamá, en su nueva fase mística, se le ocurrió curarle el empacho, porque decía que las máquinas le habían dado el poder de curandera. Mi hermano se mejoró pero ella empezó con mareos, ataques de calor, presión alta y nauseas, así anduvo una semana sin poder ir al baño ni al bingo. Una vecina bruja le advirtió que al curarle mamá el empacho a mi hermano éste se lo había traspasado a ella, y que para curarse tenía que hacer un acto de fe. Entonces mi vieja se fue al bingo a que las máquinas sagradas le dieran la solución, se sentó frente a la máquina de siempre y empezó a leer los mensajes: pera, frutilla, manzana, limón; después, pera, manzana, limón, manzana; luego, pera, limón, manzana, banana; y por último, frutilla, frutilla, frutilla… frutilla, y fue tanta la alegría que le dio a esta mujer madre mía, que se cagó encima, sí, literalmente se cagó sentada frente las máquinas tragamonedas. Es verdad que se curó del empacho y ganó varios pesos, pero ningún taxi la quiso traer a casa y papá tuvo que sacar el rastrojero a regañadientes del garage.

por Timonayre
“El silencio es música”, le dijo él entrando al baño. Ella estaba sentada en el bidet y le respondió que ya estaba cansada de hablar siempre acerca de lo mismo. “El silencio es música” repitió él, y ese pensamiento lo llevó inmediatamente a la escuela primaria, al quinto grado, justamente a la maestra de música, que en ese momento debía encontrarse cinco metros bajo tierra, en silencio. “No entiendo por qué así, tan de repente”, dijo ella en voz baja, incorporándose en el mismo momento en el que él salía de debajo del marco de la puerta del baño. “Ya vuelvo”, alcanzó a escuchar ella que se miraba ahora en el espejo del botiquín dándole vueltas al asunto. Al regreso, vino él con una flor en la mano y se la acercó. Era una escena carente de sentido, como todo lo que había sucedido anteriormente. Ambos quedaron como congelados por unos segundos. Como para romper el hielo, él le dijo a unos veinticinco centímetros de la cara: “yo también estoy cansado, ¿a vos qué te parece? Me levanto cada mañana y siempre estoy pensando en lo mismo”. Desde ese ángulo visual ella se veía hermosísima. “¿Qué flor es esta?, me gusta el color naranja. ¿Cómo debo tomarla?”, le dijo mirándolo a través del espejo. “Es una gerbera, querida. Una simple y perfecta gerbera”. “Está bien, entiendo todo o casi todo”, musitó ella, “pero no entiendo lo del arma, ¿o es que acaso la vas a usar para resolver eso?” Ambos quedaron en silencio. Segundos después aquel silencio quedó aniquilado por el trinar del canario que en ese momento se encontraba en la cocina porque la noche anterior había hecho mucho frío.

foto: Cósimo en El Paso, México 1914.
Por Timonayre
Filósofo, intelectual y poeta de origen italiano. Nace en Perugia en 1890, hijo de un monje benedictino llamado Andrea Catalani, y de madre judía llamada Ana Clements, de origen español. En el año 1899, bajo la presión política que ejercía el unificador, Víctor Manuel II, la pequeña familia debe abandonar la península. Recalan los tres accidentalmente en Glasgow, donde el pequeño Cósimo comienza con el estudio de
En El Paso, México, mediando el año 1914, organiza con soldaderas, viudas, amantes, concubinas, hermanas, madres e hijas de los soldados, un cuerpo paramilitar que se ocupa de matar hombres cortándoles su miembro viril, para instalar un Matriarcado posrevolucionario que finalmente fracasa. Participa en la redacción de
Días antes de octubre de 1917, discute con Vladimir Lenin, en un viaje en tren desde Suiza hacia Rusia, el origen de la materia. Lo palmea con un blando sonido de tapioca en el sobretodo gastado, y le desea éxitos en
En Buenos Aires, Argentina, conoce en Boedo a una prostituta y convive durante un año con la misma en un cuarto de pensión. Con un organito viejo, crea en junio del año 1920 el tango “Mi noche triste”, que gentilmente le regala a su amigo y poeta Pascual Contursi. Meses más tarde, Samuel Linning mejorará la música de lo que hoy se considera el primer tango-canción.
Traduce al español y al italiano, en junio del año 1924, el “Tratado teológico político” de Baruj Spinoza. En Medellín, Colombia, despide a Carlos Gardel, el 18 de octubre de 1929, luego de una noche de juerga con el cantor; Cósimo Galiani debía viajar con el zorzal criollo en el mismo avión, pero un cargamento de clorohidrato de cocaína destinado al laboratorio Merck que debía supervisar, retrasa su estadía en Medellín salvándole la vida.
Apoya en septiembre del año ‘30 el Golpe de Estado del General Uriburu y polemiza con el escritor Leopoldo Lugones aconsejándole afablemente el suicidio al autor de “La hora de la espada”.
Publica en abril del ‘31 “El origen de la materia”, luego de sistemáticas lecturas de los atomistas griegos Demócrito y Epicuro, y crea la “Teoría del Clinamen” o “El Desvío Cósmico”, que da origen a la materia. Se producen fuertes polémicas en torno de la obra. Traduce del alemán “El origen del matriarcado” del jurista suizo Bachofen, prologa la obra y se pelea fuertemente con la editorial. Todo esto entre los años ’35 y ’40.
En octubre del año 1940, en un Congreso de Medicina en Viena conoce a Sigmund Freud. Le critica su último libro, “Psicopatologías de la vida cotidiana”, y afirma Cósimo: ”no hay vida cotidiana, todo este sinsentido diario es una repetición de formas y significados”. Dos años después, el padre del psicoanálisis, reconoce en un nuevo prólogo los errores cometidos en la primera edición y agradece en forma explícita a Galiani su colaboración en la segunda edición.
En los primeros meses del año 1943, se enamora de la actriz de radioteatro María Eva Duarte durante la filmación de una película dirigida por Leopoldo Torre Nilsson “Ángel de la soledad”, en la cual Galiani es guionista. Nace un efímero romance entre la actriz y el intelectual, que queda truncado con la aparición de un coronel integrante del GOU. Adhiere al peronismo recién en el año 1955, renegando del personalismo del militar y advirtiendo su pronta caída.
Viaja a Hiroshima y Nagasaki en abril del año 1946, como corresponsal de guerra de
En Nueva York, en una exposición pictórica, escupe en la cara al artista Salvador Dalí, negando todo movimiento surrealista y afirmando con ese escupitajo consistente los principios del realismo. Es deportado de Estados Unidos.
Tramita la ciudadanía argentina, pero por problemas entre la no-correspondencia entre el apellido de su padre y el suyo, el trámite se demora por años y años burocráticos. Viaja a la isla de Cuba el 12 de mayo de 1958 para celebrar el nuevo gobierno revolucionario. En una estadía de un mes y harto de ron y tabaco y mujeres cubanas declara: “este gobierno de mugrientos barbudos no va a llegar a ninguna parte, a quién puede interesarle esta republiqueta bananera bajo los pies del Tío Sam”
En el año 1976 se instala en la provincia de Mendoza. Intenta la producción de un libro de poesías desde la cumbre del “Coloso de América”. Por razones de salud debe abandonar la empresa. Muere finalmente en el Hospital Central de la provincia de Mendoza, el nueve de abril del año 1980. Según testigos, sus últimas palabras fueron: consumastum est, la última frase que dijo Cristo en la cruz. Pero hay quienes afirman que, al negarse la enfermera a traerle whisky con soda y tabaco, éste le gritó: “andate a la puta que te parió”, y expiró. Dos días después llegó a su domicilio de ese entonces una carta con la ciudadanía argentina.

Apareció “desvío cósmico” n° 12.
Como pueden observar, en este número estrenamos nuevo logo y por lo tanto seguimos de festejo.
La docena nos encontró cantándole a los árboles y nos trajo un recuerdo escondido en la tierra. Brindamos por el aporte abocado del misterioso Conde Calendúlo Bonifacio y la visceral mirada de Romina Garshabene. Lo demás queda a cargo de Timonayre y Don Cósimo, respectivamente y por orden de aparición.
Saludos cordiales.

“La hicieron para vos, desdichado,
porque en la tierra hay una sola mujer,
y ella no te quiere”.
Jorge Luís Borges.
Por el Conde Calendulo Bonifacio
Sos tan hermosa los días de semana, por la mañana, por las noches, que cuando te veo tan pintarrajeada, tan con perfume barato y dibujando ofertas de saldos y retazos, casi no te deseo ni te reconozco. Tenemos nuestros pequeños mundos adentro tuyo. Porque nos reproducimos a imagen y semejanza de otras ciudades, que se creen y que son más grandes y más cosmopolitas. Mientras, vos te zarandeás entre las avenidas de la vieja orbe, allí donde los turcos hacían su agosto después de la cosecha, allí y ahora como hace tiempo, curtís tu propio hall center y te gusta tanto el perfume de los persas, el regotton a de las esquinas, el chori-pan a cinco pesos...
Llevás millones de años desprotegida de nosotros, que ya no te importa adónde dejaste los souvenirs de casa Tía y tus vestidos de domingo, ni tampoco aquella pacatería de los jueves a la tarde. Sin embargo yo, con todas las mañas del lunes, ese puto día que nadie te quiere, me levanto temprano para olerte los restos de tu último orgasmo ebrio de madrugada, te recorro de una punta a otra para ver como te vestís a las apuradas y salís al universo con tu pelo húmedo y lleno de arena, humo, barro… y como barrés las migajas que dejan los moribundos que todavía duermen en los bancos de las plazas. El mundo gruñe, y vos todavía no saliste de tu penúltimo ensueño.
Te odio y te amo en un mismo movimiento, porque en ese ir y venir asumo la condición de lo que soy. Pero sucede que eres limpia, sobria y ejemplar, sólo a la vista de los que te quieren ver así. Porque en verdad estás llena de historias que no se cuentan todos los días. Vemos el noticiero y nos enteramos de que otro crimen sucedió en tal o cual calle, que están remodelando alguna avenida, que hay un nuevo impuesto a cualquier cosa.
Es verdad que yo de pendejo sólo te conocía de vidrieras y helados con elefantitos que bailaban con una moneda, es verdad que no te he recorrido más que por las calles de los cines y los bares, que no me he hundido en tu fango madre, la verdad que ni te conozco y no sé ni de donde viene tu nombre o tu verdadera sangre.
Sos como la madre que me parió. Sos el árbol en medio del desierto, y yo me cuelgo de tus frutos, como de ellos hasta saciar mi hambre, mi sed, que a veces es atroz, y ahí reside la búsqueda, en cada mujer que camina por tus veredas, en cada ómnibus al que subo, en cada kiosco donde compro los cigarrillos que fumo y fumo apenas bajan las persianas.
Pero mirarte así de golpe por las ventanas entreabiertas, entre las piernas abiertas, entre las calles ardientes, entre las torres nuevas y los burdeles sucios, entre la poca gana de dejarte sola sacudiendo los lampazos, entre la abominable secuencia de la muerte muerta, entre la maravillosa serie de árboles y cables que cruzan tus venas, mirarte así de golpe me da pena y una amarillenta alegría que hace tiempo que recuerdo como si fuera hoy.

por Romina Garshabene
Hay un juego simbólico tan grotesco y de tan mala leche en este fotomontaje, que a casi nadie se le pasó por alto esta imagen, atrayendo tanto a fanáticos como a detractores. Tanto así, que al tipo ahora, en las entrevistas de la tele, le dicen que tiene cara de prócer. ¡Con qué facilidad se pudo resignificar la cara de nabo o de nada de un cristiano como el Cleto, para colocarle en su lugar el retrato y los laureles más sagrados del Padre

por Don Cósimo
Tener un lenguaje propio nos da libertad, nos da garantías, impone además un respeto, porque ese lenguaje que habla de nosotros a imagen y semejanza es único. Será por eso que estamos tan orgullosos del lunfardo argentino, ese código presidiario y arrabalero, ese lenguaje que “se ató dos alas, la ambición de mi suburbio” y demostró que en la orilla había vida, había cultura, había ansias de cantar y escribir tal como se hablaba.

Por Dionisio Paredes
Tenés razón Sarmiento, las ideas no se matan, claro que vos lo escribiste en francés y con carbón: “on ne tue point les ideés”, en un momento en que era necesaria una identidad nacional. Pero vos la buscaste en los grandes centros urbanos del mundo occidental. Eran París, Londres o Washington las ciudades a las cuales había que imitar, porque eran más avanzadas e industrializadas, eran civilizadas. Tenés razón Domingo Faustino, había que terminar con todo ese caudillaje, y con ese argumento aplastaste toda incipiente artesanía del interior; ¿para qué necesitábamos esa sangre indígena y gaucha hija de la vagancia y el libertinaje? Bárbaros, pobres bárbaros. Tenés razón ex presidente, había que darle nacimiento a la oligarquía, esto quiere decir que las mejores tierras de

En busca del gen “guón” perdido.
b)¿Cuándo se nos infiltró el “culeao” de la sangría y el cuarteto?

Es una palabra cuasimoderna, muy usada en Mendoza e inclusive en Chile.El origen está a la vista: una suerte de diminutivo de ese clásico “huevón” que solía pronunciar Patricio Monseñor en los sketchs de Pipo Cipollatti en “
Sin embargo, en Mendoza, huevón, tiene un significado algo distinto al del resto del planeta criollo: se lo usa como “vos”, “¿me entendés?”, “¡estúpido!”, “¡cumpa!” y “¡maestro!”, inclusive. ¿De dónde salió este hábito lingüistico?
Dionisio Alcides Cuervo era el nombre de una escuela convertida en bowling en los años 40. Quedaba en
A mediados de los años 30, en Mendoza nadie decía la palabra “huevón”, salvo en esa escuelita de Maipú.
Todo comenzó cuando una mañana el alumno Ochoa (no hay documentos que digan cuál fue su “first name”) salió del aula, muy enojado al patio, con una hoja en la mano. La directora de la escuela lo llevó a su despacho y diez minutos después –cuando hubo cebado el mate de la media mañana- la directora llamó a otro alumno del curso del alumno Ochoa a su despacho.
Los documentos encontrados no revelan con claridad cuál fue la trama, pero críticos posmodernos de la historia argentina le dedicaron en debate al tema y llegaron a la siguiente conclusión: parece que la hoja que llevaba el alumno Ocho tenía una cantidad determinada de palabras, que los estudiantes tenían que contar. Si habían ocho palabras, la respuesta era ocho: eso fue lo que argumentó el enojado Ochoa. El otro alumno, más frío que el agua de Valparaíso, se limitó a contestar “nueve”. Cuando la directora hizo sonar el silbato y analizar la jugada, se encontró con que, efectivamente, había una palabra oculta en una coma, que sin querer había escrito la señorita maestra. Su decisión fue salomónica: formalmente habían ocho palabras, pero se podía admitir una novena palabra “extraña y misteriosa” oculta en la única coma de esa oración. El alumno frío le hizo leer a Ochoa tantas veces esa palabra rara y de rápida pronunciación –para que entendiera bien de una vez por todas- que su psiquis le configuró un esquema de negación que le produjo una reacción epiléptica vocal: “¿guón? ¡no, guón! ¿guón? ¡no, guón!...” así, como escribíamos en la escuela, “sucesivamente”.
Dicen que el alumno Ochoa no pudo terminar con su crisis vocal durante toda esa mañana y sólo después de ser obligado a ingerir un té de burro, recién a los dos días su garganta le dijo “basta, guön”: ya era tarde, el rumor se había corrido en toda la provincia, inclusive dicen que figuró como una breve en la sección departamentales del diario El Andino, de aquella época (noviembre de 1934 ó 35).
Hoy los mendocinos usan el guón no sólo en lugar de las comas, sino también en los puntos, dos puntos y comillas en las oraciones. Tomemos un ejemplo extraído del diario Clarín.
www.leyendasdemendoza.blogspot.com

por TimonayreSigue la nieve castigando el ventanal. Los vidrios transpiran lentamente, obedientemente. El viejo cortinado blanco, algo bajo y ajado, ha abierto sus brazos de par en par, para que se pueda ver y admirar. Agosto. Una lenta bocanada choca contra el vidrio, entrechoca con otra procedente del lado opuesto. Intentan en el aire un juego dulce de trapecistas sin red, con algo de circo barato, de osadía a largo plazo. Ahora llega el café, bien cargado y amargo de un lado, con leche y edulcorante del otro. Sigue la nieve y parece que va a durar la eternidad. Viernes amaneciendo. Las primeras bocinas, poca agitación en medio de la polución. Suena una música obediente a los deseos del momento. En el danzar de los ojos se puede ver el frío, que no se siente, porque está afuera. Hay cuatro ojos. Dos pares, desnudos. Hay humo. Hay la necesidad de silencio. Fin del disco. Lo circular y lo finito. Pero ese instante parece infinito. Hay la necesidad del fuego de la estufa que no cesa. La estufa es como un regreso. Y así todo. Caen los brazos del cortinado, de pura envidia, porque otros cuatro brazos se han entrelazado en un espiral. Caracol, caracol. Se lamen las falanges, se tropiezan las narices. Entre el cristal y el cortinado comienza una travesura de imanes, lo frío y lo cálido, lo seco y lo mojado, el vidrio y la tela. Empapada queda una porción del cortinado. Los brazos suprimen el derrotero, porque las bocas toman ahora un protagonismo húmedo y de primer plano de película muda y en blanco y negro. Lo e-pi-dér-mi-co. El ventanal solo. El cortinado solo. El afuera, el adentro. La renuncia o la ceremonia. La ceremonia. Dos cuerpos amalgamados en uno solo. El afuera frío, el adentro... Ya ha amanecido, y la ciudad apresa arbitrariamente esos dos cuerpos. Se acerca la hora de las tareas. Se acerca el momento de ser lo que no son, y deberán ser, mientras sigue la nieve castigando el ventanal.

Tres microficciones a cargo
de “Negro Hidalgo”,
reconocido valuarte de la
literatura brevísima mendocina.
De sexo I
La llamaría ni bien llegara a casa para proponerle todos mis deseos, que me saldrían de la boca atropellándose, desvistiéndose a mitad de las oraciones. Pero antes debería llegar a casa. Y este viaje ha de ser bastante largo. Desde luego, necesitaría un cuerpo de hombre adulto o un cuerpo de hombre o un cuerpo a decir verdad. Es imprescindible nacer, me dice un viejo fantasma que en nada lo conmueve mi sexualidad prematura.
De sexo II
La levantaría con sus brazos fuertes y la apoyaría en la cama con la certeza de que va a amarla en breve. Pero surgiría un imprevisto y tendrían que marcharse sin consumar ningún acto. Morirían fatalmente en la velocidad de esa urgencia. Pero lo cierto es que habrían apagado los celulares y nadie podría haberlos encontrado nunca para llamarlos desesperadamente, ni siquiera la muerte.
Sexo III
Las mujeres están desnudas y en lo oscuro, sin saber que los hombres se esconden por todos lados en esa habitación. Los hombres ocultos en la habitación a oscuras no saben que mujeres desnudas también están presentes. Al hacedor de la lujuria le faltan dos pasos hasta la llave de luz.

La televisión vs el instinto
por Plumafácil
En las clases de biología, me pusieron amonestaciones cuando di lección del aparato reproductor. De ese incidente, en el parte anotaron que me había excedido en las explicaciones, que no podía decir frases como “los vasos capilares se ingurgitan para darle forma al bastón de mando”, o “los labios menores se unen a los mayores para dar nacimiento a la razón de nuestras vidas, al tesoro escondido, al verbo encarnado: el clítoris”, o “los pezones se electrizan y se convierten en los botones que sintonizan la más hermosa melodía”. Aún así me saqué 10 porque la profesora era una cachorra eléctrica y ardiente.
Todo comenzó a desmoronarse cuando la televisión entró a mi vida. Sin saber bien por qué, luego de algunas recomendaciones de amigos y vecinos, empecé a ver algunos programas de tele. Series, noticieros, programas de entretenimiento… allí también se veían mujeres lindas, vaya que sí… muchas mujeres muy hermosas. Culos, tetas, espaldas, panzas, piernas: parecía un supermercado de piezas femeninas. Lo que siempre acompañaba a estas imágenes era la voz de algún locutor o conductor que decía cosas como “¡Que belleza exuberante!” y uno no podía dejar de coincidir. O sino “Esta mujer es una diosa” y tal vez no me agradaba del todo, pero como era mostrada constantemente, de distintos ángulos, con distintas poses uno terminaba dando la razón al presentador.
Fue así como perdí el instinto, aplacado por la invasión de fotones color carne que despedía, incesantemente, el televisor.
Podía pasar a mi lado una reina de la belleza que yo no podía distinguirla de un plomero porque ninguna voz me lo indicaba. O una mujer se sentaba en mi regazo y yo no sabía qué sentir si nadie me lo decía. El caso extremo llegó en una habitación de albergue transitorio, donde no supe bien qué hacer con una mujer que esperaba por mí. De hecho le pedí ayuda, le dije que tomáramos un café y de allí en más nunca pasé de eso. Un café.
Por eso digo: yo era un hombre calentón. Ahora sólo tomo café y cuando pasan propagandas en la tele acerca de este producto, sólo cambio de canal y le pego otro sorbo a la taza.


En nuestro barato y grosero mundo socio-mediático, el erotismo y el sexo no tienen distinción, más bien se define uno por el otro, sin embargo, como dice Lo Duca en su Historia del Erotismo, el “erotismo reina cuando puede ser sugestión o alusión, y llegar incluso hasta la obsesión; cuando el sexo se descubre como obsceno- y no simbólico, es decir decorativo-, entramos en el mundo cerrado y tristemente limitado de la pornografía.”



"El Grito del Chimango"
letras extra vagantes a cargo de:
Timonayre
y
Don Cósimo
En Bar Iguanahaní, San Martín 1945 de Ciudad. Entrada $5
'Escritores Vivos de Nuestra Provincia EN VIVO'. Todos los Jueves, 21.30

Las relaciones afectivas de microondas son las favoritas de aquellos espíritus fogosos y apresurados que no soportan esperar el momento preciso del gusto que da el punto de cocción, ellos quieren devorarse el caramelo ahora, quieren saborear el embutido con piolín y todo, no se aguantan… la quieren en cinco minutos o ya no la quieren más. Sin embargo hay variaciones, hay ciertas circunstancias que provocan que algunas relaciones afectivas permanezcan mucho tiempo en el frezeer, y que de buenas a primeras la nostalgia y la soledad inste a quererlas descongelar y comerlas al instante tras un breve llamado telefónico, pero debemos ser concientes que una relación descongelada en microondas ya no se puede volver a guardar para seguirla más tarde, una vez rota la cadena de afectividad, hay que degustarla en el momento y tirar los restos a la basura.

¿Qué experiencia tenés sobre: Relaciones afectivas de microondas?

A partir del 31 de Julio pueden buscar y encontrarse con el fanzine-quincenal-interactivo n°10 sobre las barras de los bares y buffet, en las plazas, en las veredas de la Ciudad de Mendoza y sus alrededores.
Lugares habituales de distribución:
El sublime objeto del deseo
Por Timonayre
La señora Eulalia cree vivir en una armonía cósmica casi total, pero lo que no sabe la pobre es que debajo de su casa se está produciendo una rebelión. Aunque esta tesis parezca descabellada, los grillos que habitan en el subsuelo de ese hogar se han organizado y planean la toma y posesión del bien inmueble. Cuando llegue el momento ya será demasiado tarde para lamentos, porque los grillos se muestran decididos en su acción. Hay una tendencia a explicar lo inexplicable, y aunque he pensado más de mil maneras de decirle la verdad a la señora Eulalia y a toda su familia, el solo hecho de pararme frente al portal de su casa y confesar esta triste verdad me acreditaría por el más cruel de los mentirosos; y sus hijos y marido (todos amantes de los deportes), me propiciarían una inmensa granizada de golpes de puño y puntapiés que no vale la pena sufrir. Pero en realidad sí vale la pena, porque bajo ese techo en inminente peligro habita la bella y joven hija de la familia, a quien pretendo desde hace años ya. Lo cierto es que cuando los valerosos grillos lleven a cabo su cometido, yo estaré esperando a la bella joven para darle asilo y cuidar de ella. Podremos al poco tiempo volver a la casa y convivir con cientos y cientos de grillos que no cesarán en ningún momento de emitir su suave melodía, y todos viviremos en paz y sin tanto insecticida de por medio. Pero tristemente nada de eso no sucede, porque el insecticida de primerísima marca que ha adquirido la señora Eulalia aplasta silenciosamente la rebelión, y los grillos han sufrido muchas bajas, lo cual impide la acción. Pero para cuando la bella joven tenga nietos, los bravos insectos ya habrán podido organizarse debidamente, y yo, sin nietos, podré intentar nuevamente mi plan. Mientras tanto, organizo tácticas y estrategias en papelitos amarillos, a veces brillantes, mientras los platos del martes esperan y el baño se traba nuevamente, para mala fortuna de los vecinos del piso de abajo.

“Leticia y Horacio”
La fobia de Leticia era extraña, cambiaba según los días, sus miedos alternaban de lado a lado, había épocas que temía a los objetos que se encontraban a la derecha y otras veces a los de la izquierda de su cuerpo. Nunca supo bien de dónde le nacían esos miedos, recordaba que de niña colocaba todos sus juguetes, su cama, su escritorio y hasta un pequeño roperito a un lado de la habitación, y a los pocos días sus temores cambiaban de lugar y con ellos también sus cosas. Cierta vez un novio la sorprendió con un ramo de rosas amarillas por la parte izquierda del hombro, fue tanta la desesperación que le provocaron esos pimpollos que no paró de correr hasta llegar a su casa.

Por Plumafácil
Saquémonos las caretas. Fue, es y será todo una conspiración. No es joda, no es persecuta de un hombre perteneciente a la vasta casta del lumpenaje. No. Es la cruel verdad. La gripe A H1N1 ha sido un invento tramado por un grupo selecto de mentes creadas para transmitir y seguir asentando la sensación de miedo, terror y angustia en las sociedades del mundo entero.
¿Qué estoy loco? ¿Y qué me dicen de estos tres balazos recientes que tengo en el tórax? ¿Me los hice yo? ¿Eh? No, no son heridas autoinflingidas propias de un demente. No. Son las balas de los que quieren callar la verdad. Las mismas que tiene Jacobo Winograd, que le sacó la careta a Soldán. Las mismas que tuvo Marta Holgado, cuando decía que su padre era Perón y su madre Gladys Ravalle. Las mismas que tiene Gabi Canci, cuando dijo que las modelos son gordas o algo así.
Pero lo que nos atañe, y esto se los digo antes de que los capitalistas que dominan este mundo me callen para siempre, es el virus de la llamada gripe porcina y he aquí la verdad: todo esto se trató, desde el principio, de una conspiración tramada por: el G 8, el FBI de los Estados Unidos, el Servicio de Inteligencia del Gobierno Mexicano, Bill Gates y Sergio Saracco. Sí señoras y señores. Esta es la verdad, la papa, el lado sin pan de la milanga. Estos entes han tramado, desde que la crisis es crisis, una manera de reactivar el mercado y hacer un salvataje, nada más y nada menos, que a
Pero bien, ustedes se preguntarán cómo se beneficia
Pero para mí, la gota que rebasó el vaso, fue cuando quise dar con la fuente de todo esto, con el paciente cero del virus: Edgar, un niño de barrio pobre de Veracruz, México. Buscarlo fue infructuoso, el niño que había coqueteado con los porcinos, que abrió el juego para todos nosotros ya no estaba en su pueblo, no. Los vecinos, reticentes, no daban datos de su paradero, pero una mujer, valiente, que hoy no se cuenta entre los vivos, me dijo que habían comprado su historia y su silencio con una casa en el barrio rico de México, dándole una mansión que linda a un lado con el barril del Chavo y al otro con la casa de Vicente Fox.
Y luego nubes de humo. La verdad siempre escondida tras velos y nubes de humo… si no llego a ver el día de mañana, pongan mi foto junto a la de José de Zer y Fabio Zerpa, otros grandes luchadores por la verdad.

Revisando Fobias
Por Don Cósimo
Revisando el diccionario de fobias descubrí que las hay de muchos gustos y colores, y que no todas se relacionan con lo que comúnmente creemos desagradable. Tanto que muchas de ellas se definen como miedo a los placeres más divinos, mientras que otras enclaven su trastorno en hábitos tan cotidianos como mundanos.

por Michel

ARCO DESAGUADERO
Por Timonayre
El adelantado Don Rodrigo Martín Alonso de Anés y Triana Almagro, envíale a Su Majestad la total suma de trece indios en conmemoración de las Bodas de los Infantes. Destas latitudes áridas y desérticas los nativos desta zona arenosa viven de la caza y apresan algunas aves de laguna y pejes, en canoas de totora. No fablo de oídas quando digo que los he visto sin ropas i algunos machos con pelos en la cara.
Face tres lunas, en quanto amaneció, después de encomendarnos a Dios, salimos de nuestros aposentos i con tiros i ballestas delante, i los de a caballo faciendo arremetidas algunas que logramos capturarlos. Las tierras de acá agora obedecen a Vuestras Altezas.
Estas gentes indianas de costumbres barbáricas andan desnudas, i todos los que yo vide son todos mancebos, que ninguno vide de edad de más de treinta años, muy bien hechos, de muy fermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos negros, gruesos, cuasi como sendas de cola de caballo.
Pusimos fuego a sus ídolos, tomamos a las mujeres y a los niños y matamos algunos ancianos que son pocos.
Algunos no se cubren sus vergüenzas a causa de la calor y de las leguas y leguas de arena. Un viento que parece ser aliento del diablo sopla de forma repentina. Tuvimos que lavarnos los ojos con agua de la laguna porque no vides nada.
A través del baptismo femos agora llevado a la Sancta Fe a las mujeres y los niños. Es el tiempo justo que reconozcan a la Iglesia por Señora y Superiora del Universo Mundo y al Sumo Pontífice, llamado el Papa en su nombre, y a Su Majestad en su lugar, como Superior y Señor Rey de las Indias y Tierra Firme.
Ques fecha a diez días del Mes de Abril, año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo, de mil quinientos veinte y siete.

Por Natalia Bori
Mi interés por la locura viene desde antaño, desde cuando por primera vez pisé el suelo universitario, pero por aquellas épocas el tema de la locura y la sociedad era cosa del pasado, loqueadas de estudiantes posmodernos dedicados al estudio de las minorías, aún así, hoy día seguimos tomando la píldora del soportar, con el fin de llegar a cumplir un sueño foráneo y frustrante: el éxito individual.
Siempre me pregunté por qué llega a algunos de nosotros la curiosidad o el asombro de las experiencias de vida, la sensibilidad y la visión del mundo de aquellos seres comúnmente rotulados anormales o popularmente llamados locos. Será que los locos son el reflejo de una época que los condiciona, que nos condiciona. En un entramado ideológico común, pero segmentado, se forman nuestras vidas entre locos, psiquiatras y normales, o sea, entre opresión, psicofármacos e hipocresía.
Locos y extraños: el compadecido “ciudadano común”, durante años, ha tenido el vicio de que todo lo que le parezca extraño y esté fuera de los cánones de la moral y la ética, de la ley impuesta por una parte de la sociedad, parte minoritario y poderosa, es temible, es anormal, por lo tanto, es marginado y desechado de la categoría de “ciudadano común-saludable-normal”, por inadaptado e imbécil. Así por el laberinto de la historia han pasado diferentes personajes malévolos, merecedores de ser encerrados por el simple hecho de ser inexplicablemente locos/as, pero a pesar del tiempo y el espacio, estos personajes tuvieron algo en común: el haber sido una amenaza a las estructuras normales de la autoridad reinante.
Y entre tanta estigmatización social encontramos un tipo de locura peculiar: la locura inofensivo, el loco bueno, el que todos conocemos por su perspicacia e insensatez, el que te dibuja una sonrisa cada vez que te lo encontrás en algún evento público, por alguna razón del sin razón. Data de tiempos medievales, fue y será, la inspiración de grandes maestros de la literatura y del dramaturgo, esta clase de personajes encuentra cierta aceptación y consigue hacerse oír mezclando la protesta con el delirio, la impotencia con la omnipresencia, pero que finalmente desvanece su rebelión en las risas de los “cuerdos” desesperados.
Aún hoy sigo pensando en lo que alguna vez leí: que la locura puede ser típicamente incomprensible o sencillamente mal comprendida.

En el film “Los Soñadores” de Bertolluci, tres jóvenes cinéfilos juegan a interpretar escenas de películas, el que no adivina debe cumplir con una prenda, que son pruebas tales como masturbarse delante de alguien o hacerle el amor a otro, mientras que afuera, en las calles de París, estalla el Mayo del ‘68, en una escena célebre están los tres debatiendo filosóficamente la realidad política desnudos en una bañadera y fumando marihuana, ellos tres eran la revolución sexual y psíquica de un mundo viejo y absurdo, no necesitaban saltar a las calles y quemar los autos para demostrar la rebelión, eran la rebelión aunque no lo supieran. Hoy no se necesita ser joven para hacer ciertas cosas, sin embargo ninguna práctica juvenil nos convierte, per se, en jóvenes.
La música pop estalló de la mente alucinada de cuatro ventiañeros de Liverpool, se desplazó por el mundo y creó una cultura, una manera deferente de sentir, escuchar y ver la realidad. Hasta lo cabalístico y místico tuvo su signo, ciertos íconos de esta cultura del rock y el pop murieron a los 27 años. Dejaré un cuerpo joven y hermoso, rezaba la consigna. Lo mismo pasó con las demás ramas del arte y la literatura. La revolución cultural de los años ’60 la hicieron los jóvenes y era de ellos. En las organizaciones sociales y políticas que intentaban de algún modo cambiar el mundo, trasformar el modo de vida burgués, construir un universo nuevo para ellos y sus futuros hijos, era difícil encontrar a alguien mayor de 25 años y una excepción que alguien tuviera 30 años y estuviera allí, planificando el porvenir.
A casi 10 años del fin del mundo que nunca llegó, es casi imposible discriminar a simple vista quienes son los jóvenes, es imposible detectar quiénes gozan de la rebelión de los sentidos. Los niños de 12 años imitan, se visten y se comportan como si tuvieran 25, los adultos de 30 y más intentan seguir haciendo lo que harían si hoy tuvieran 20 años. Los padres de los chicos de veinte se esmeran por ser aceptados por sus hijos y ser tratados como pares. Todos queremos ser jóvenes, soñamos beber por siempre de aquella fuente, insistimos con léxicos, formas, modas y tecnología, pero es inútil, la juventud no se compra en el supermercado.
Se me dirá que la brecha de edad para definir un grupo social depende del momento histórico determinado, y que en la actualidad ciertas prácticas juveniles comienzan desde los quince años, mientras que otros hábitos y otras conductas pueden definir como joven a alguien de 35. Pero minga! No señor. No mi amor. La sangre fluye, hierve, se rebalsa y se desborda por las calles a los veinte años, y nunca más serás tan joven como ese día, y nunca más te querrás comer el mundo, llevarte el universo y las estrellas por delante, y nunca más te importará tres cuernos lo que digan los periódicos, las encuestas y las revistas de chimentos.
Se me dirá también que estoy viejo, que siento nostalgia de mis veinte abriles que no volverán, recuerdo de un tiempo que ha pasado, nostalgia de la vida que se va…


El efecto de las redes sociales en internet me hace acordar mucho al fenómeno de los pitufos. Durante su efervescente fama estos duendes eran adorados por miles de niños que compraban sus revistas, figuritas, muñequitos y hasta la fábrica de hacer pitufos. Era tanta la estupidez que generaban estos bichos que las madres salieron a decir que estaban endemoniados. Preocupadas por la salud mental o física de sus hijos, los progenitores se reunían en la casa de alguna vieja comadrona y hacían la fogata de San Juan con todo lo que encontraran que tuviera la imagen de la Pitufina. El gordo Barzola juraba que su muñeco de Papá Pitufo sobrevivió a las llamas y se le aparecía por las noches. El gordo era muy mentiroso. Fue una campaña sucia pero efectiva y decididamente psicopatera. Te prendías frente al tele con cierta culpa, juntabas las figuritas a escondidas, los dibujabas en la contratapa del cuaderno Gloria. Sin embargo todos los veíamos y seguíamos la oleada de su merchandising (término anglosajón compuesto por la palabra merchandise, cuyo significado es mercancía y la terminación -ing, que significa acción).
Al igual que a los Pitufos, existe cierta fobia a ingresar a estas comunidades o redes virtuales por parte de gente que presiente el final de las relaciones reales, cuerpo a cuerpo, y que teme por la intimidad e integridad de sus amigos y conocidos. Tené cuidado de las fotos que colgás, no ingreses tu nombre real, no comuniques tu fecha de nacimiento, ni se te ocurra poner tu dni, etc. Existe una absurda tendencia fatalista y apocalíptica a pensar que internet se lo va devorar todo. Desde aquella sonsa película sobre la matrix el ciudadano común desconfía hasta de su cafetera eléctrica. Pobre tonto. La verdad, o una verdad, o la verdad que nos creemos que es verdad, es que uno entra a estas redes virtuales y se encuentra con todo el mundo. Un mundo estúpido y sordo como el que está detrás de la ventana.
Ah!, el Loco Juan, bueno… poco tiene que ver él con toda esta estupidez. Ahí va dibujando garabatos en su Laptop de cartón, siempre precavido con su casco amarillo, dirigiendo el tránsito y convencido que su realidad ha superado hace rato cualquier otra rara novedad que pueda ofrecer internet.

Por Plumafácil
Al parecer en nuestros días estamos viviendo un fenómeno similar al uso de bikinis en los ‘60, al uso de calzas en los ’90, y al ser flogo o emo en los ’00; este fenómeno no es otro que el de ser diputado. Sí, señoras y señoritas, hoy, convertirse en un servidor público que ocupa una banca es una moda, una moda que se expande cada vez más, como la banda ancha.
Si tuviéramos que dar una receta para convertirse al diputadismo, la misma sería:
ü Conviértase en alguien medianamente célebre. Ya sea usted abogado, artista o intelectual; ya sea que trabaje en una ONG, en un rectorado o en un decanato, no tiene más que acariciar la fama saliendo en un par de ocasiones en la portada de alguno de nuestros periódicos (lo cual es un mérito, es una cumbre casi ingobernable).
ü Luego mire encuestas, muchas encuestas. Si puede encargue una encuesta usted mismo: si tiene hijos, dígales que junten un par de amigos y salgan a preguntar por las calles si es usted una persona creíble, si tiene la tan mentada “Imagen positiva” y si el porcentaje le da para aventurarse a una diputadía.
ü Una vez que su imagen sea lo suficientemente alta, realice un claro acto de incoherencia. Por ejemplo: si usted investiga al político X, muéstrese junto a él en un asado. O si es un artista comprometido con los derechos humanos, estréchele la mano a un represor de esos que toman café los sábados a la mañana en la peatonal. Luego de consumado el acto, verá cómo su teléfono comienza a sonar.
ü Paso siguiente: atienda el teléfono que le comenzó a sonar en el punto anterior. ¿Reconoce la voz? Bueno, era de esperarse que no: se trata de uno de esos “operadores políticos”, esos que realizan el trabajo en la sombra. Le va a decir que lo viene observando, le va a decir que le gusta mucho lo suyo (sea lo que usted haga) y va a mencionar que le pareció muy interesante cierta actitud suya, y hará referencia a la incoherencia por usted cometida. Créame, es por eso que lo van a llamar, no por otra cosa.
ü A esta altura ya le deben haber realizado la propuesta, sí, la que usted deseaba:“¿Quiere ser diputado?”.
Responda que sí y salude, salude a todos y cada uno de los amigos que tuvo, de los amores que acarició, de los sueños que lo mantuvieron despierto. Salude en un largo adiós. Todo eso se ha ido, ahora comienza la verdad, el camino verdadero: no se trata de glamour ni de esgrimir convicciones en bien del pueblo, tampoco de hablar de porcentuales ni estimaciones. Se trata de realizar el trabajo sucio, pero parecer limpio.
Ahora usted ha decidido ser diputado: póngase el uniforme, tómese estas fotos, empapele el barrio que va a odiarlo, venda el amor propio que tenía. ¿Listo? Ahora sí: bienvenido a la empresa.

Haciendo cosas chanchas
Por si no se han dado cuenta el significante “chancho” siempre tiene algo de grotesco, ridículo y sumamente peyorativo, se lo utiliza generalmente para denostar a alguien, ya sea enjuiciando su acción o directamente su persona. El “chancho” es el que juega con la suciedad, el que se revuelca en su propia miseria, el que se come los desperdicios, el que no tiene escrúpulos éticos para deshonrarse. Sin embargo, a la hora de “gustarnos” de él trasladamos ese significante “grosero” por otro mucho más delicado, un significante casi elegante, y cuando pedimos en un restaurante no pedimos carne de chancho, pedimos “carré de cerdo” y hasta nos ponemos la servilleta sobre los muslos, no sea cosa que se nos salpique el regazo con la grasita del cerdito.

a) Algunos curanderos pestilentes recomiendan cataplasmas de barro para curar empachos y remordimientos. A pesar de lo irrisorio de los estos procedimientos curativos nadie duda de su efectividad, no obstante la ciencia avanza y nos deja patitiesos a cada rato con sus felices descubrimientos.
c) Señoras gordas y obscenas se pagan el puchero adivinando el futuro de endemoniados conductores de colectivos, que entre quejidos y sollozos se dejan engatusar en renegridos cubículos astrológicos, mientras tanto en el cielo un satélite fotografía la fosa cloacal que va desde sus inodoros hasta el río del Desaguadero.

NERVIO ÓPTICO
por Timonayre
Saliendo del supermercado con dos bolsas en la mano izquierda y un cigarrillo en la derecha, observo un conglomerado de idiotas que se encuentra parado frente a un hotel cinco estrellas esperando no sé qué, y caigo en la conclusión que allí se aloja un equipo de fútbol, y esa trouppe de buenos para nada está esperando una fotografía o un autógrafo. Sigo caminando en dirección norte y el pordiosero ciego de la otra cuadra estira accidentalmente la pierna derecha. Tropiezo. Rápidamente me reincorporo. Me pide disculpas y torpemente le arrimo unas monedas que justamente había guardado para hablar por teléfono. Su mano se cierra automáticamente al momento que me bendice en nombre de Dios. Prosigo. Cruzando por la senda peatonal un automovilista se prende a la bocina de su camioneta que parece ser la heladera de una carnicería y prorrumpe en insultos y gestos nada amables contra mi persona. Oigo algo así como que el semáforo estaba en rojo. Yo lo vi verde. Frente a una cabina telefónica me encuentro con la sorpresa de las monedas. Justamente no tengo monedas. Pido cambio al mercader ubicado en un cubículo mugriento y el tipo ni se digna mirarme a los ojos. Nada del otro mundo, pienso. Continúo. A lo lejos percibo la voz de un guacamayo como saliendo de una gruta congelada, y en realidad es una señora que entre agitada y llena de fastidio me acusa de haberle robado sus dos bolsas de supermercado. Afable, le explico que debe haber un error. Efectivamente. Veo que esas dos bolsas que convencido creía eran de mi posesión se encuentran colmadas de productos lácteos. No tolero la lactosa. Entre disculpas y más disculpas intento nuevamente continuar. Desde un balcón, un grupo de jóvenes ensaya otra tonta canción de rock. Alguna vez yo fui adolescente. No puedo dejar de parpadear. Creo que corre viento zonda. Ya en casa, y destapando una botella de salsa de tomate para darle rienda suelta a mi arte culinario, una rata pequeña, blanca y parece joven asoma tímidamente del gollete y se sacude del contenido rojo. Hoy mi nervio óptico me ha jugado demasiadas malas pasadas, y es así que decido seguir con la cena. Confundo dos esencias aparentemente distintas, le agrego sal al café y azúcar a las papas fritas. Creyendo que has llegado he preparado cena para dos. Espero un par de horas. Dos horas. Imposible comer doble ración. Luego vienen las pesadillas.

Por Plumafácil
“Otra vez nos quedamos afuera” se lamentan las señoras y los agentes de turismo. “Otra vez nos pasó por el costado la moda mundial” continúan ya con llanto y cabizbajos los ancianos y las secretarias ejecutivas.
Ocurre que, una vez más, los síntomas que acorralan al mundo a nosotros nos tienen sin cuidado. La fiebre porcina, así como las grandes bandas musicales, se presenta en todos lados menos en Mendoza. Si bien hubo alteraciones en el diario trajín (y en la terminal de ómnibus el hombre que recibe las monedas en el baño comenzó a usar barbijo), nada ha sido confirmado. Que una pareja fue sometida a exámenes en el Hospital Lencinas, que un hombre fue detenido en Horcones, que dos niños fueron sacados del jardín por hablar en lenguas (presunto indicio de haber contraído la enfermedad)… pero nada, de gripe porcina nada, ni una gota. Solamente las especulaciones fundadas en el miedo y la ingesta televisiva.
“Ya nos pasó antes” recuerdan los empleados estatales y las meretrices mientras enumeran: cuando vino el Papa, ni un atentadito; cuando ocurrió el 11-S se reforzó la seguridad en la terminal, pero no arribó ningún hombre con turbante y cara de malo; cuando vino Deepak Chopra no hubo ningún estafado que lo deschavara.
Tendremos que conformarnos, tristemente, con ostentar el segundo puesto en el ranking de las provincias más inseguras, o con tener al monstruo de la Cuarta (que viene a salir un año después de Fritzl, qué falta de tacto) o con ser gobernados por un político delirante y mentiroso, que surge (con un pésimo sentido de la oportunidad) 12 años después que otro delirante: Abdalá Bucaram Ortiz. Sólo que el nuestro causa menos gracia. Muchas menos gracias.

“Alguna vez tu papá mató un chancho”
“¿Alguna vez tu papá mató un chancho? ¿Tuviste miedo?” El que siempre mataba los chanchos en mi casa era mi tío Ildo, fanático de River. Cuenta la leyenda familiar que mi primer superclásico lo presencié a los cuatro años. En aquella época no era de extrañar que River goleara a Boca en su propia cancha y eso fue lo que pasó esa vez. Mi viejo, fanático de Boca, enfurecido empezó a insultar y tratar de explicarme a los gritos que “Nos ganaron. ¡Perdimos! ¡Perdimos!”, yo lo miré con toda la inocencia y le respondí “yo no perdí, yo soy de los otros, de los que ganaron”. Por medio de mi madre, que no aguantaba más de la risa, le llegó la noticia a mi tío Ildo. Al próximo domingo se apareció con la gloriosa camiseta de la franja roja que cruza el pulcro pecho blanco y el correspondiente par de medias como regalo. Esa vez no necesitó gastar a mi viejo por el triunfo, una goleada a Boca no era nada comparado con un nuevo hincha de River nacido de las mismas fauces bosteras. Así de fácil sumó el Ildo otro sobrino más a las gradas millonarias. Él tenía la costumbre de hacer hincha de River a los hijos de sus hermanos y cuñados bosteros, hábito que lo hizo el tío más famoso. Se empeñaba tanto en aquella costumbre que con tal de ganar otro hincha no medía las consecuencias. Cierta vez le tocó un sobrino rebelde que se obstinaba en ser hincha de Boca igual que su padre. Mi tío utilizó todas las estrategias y mañas habidas y por haber, y nada, el pibe seguía fanático Xeneize. Hasta que una tarde se lo encontró al niño jugando cerca del horno de barro y se le ocurrió una apuesta: “a que te hago hincha de River", “yo soy de Boca” respondió el sobrino con todo su orgullo y todas sus fuerzas. “Vamos a ver que tan hincha sos”, le dijo el Ildo, “metete adentro del horno y gritá ‘Viva River’”. El niño entró al horno desafiante y gritando “Viva Boca”. Detrás del niño mi tío encajó medio paquete de sarmiento seco mientras preguntaba “de quien sos hincha”, “de Boca” gritaba el niño obstinado. Encajó entonces medio paqueta más de sarmiento por la boca de horno mientras repetía la pregunta. “De Boca” volvía a responder el sobrino. Pero apenas el niño lo vio al tío con fósforos y un papel sintió que no estaban jugando. Si decís “Viva River, te saco del horno”, negociaba el Ildo. “Yo soy de Boca” se oyó otra vez desde adentro. “Decí ‘Viva River’ y te dejo salir”. Cuando el tío encendió apenas el papel e hizo unos grotescos ademanes amagando con prender la leña, el sobrino creyó que ya no estaban bromeando y largó un “Viva River” suave y entrecortado. “Cómo dijiste”, preguntó con gusto el Ildo del otro lado iglú de barro, “Soy de River tío, se lo juro, siempre fui de River”. El tío respiró, apagó el fuego y sacó uno a uno los sarmientos. Esa vez al Ildo le costó, pero la tradición de formar hinchas millonarios la siguió marcando a fuego al resto de sus sobrinos, por el resto de nuestras vidas y durante muchos años más.
El de la foto es Walter Gomez, gran figura de River Plate y muy admirado por mi tío Ildo.

Autor: José Ignacio
La estación mantiene su continuo trasiego de viajeros y bultos sin regulación de tránsito; la megafonía, ahogada por el eco de los grandes espacios, minuto a minuto, informa sobre destinos o procedencias, salidas y llegadas, números ordinales de andén, horarios y consejos de prudencia para que no exista la tentación de cambiar de mano los equipajes.
Movimientos, sonidos y espacios clonados. Nada mejor que un café para rellenar un tiempo vacío.
Cafetería, bandeja, servilleta y palita ovalada desechables, inquieta espera en la del sírvase usted mismo. Café natural, descafeinado molido o en bolsita de papel con variados matices: muy cargado, cargado, corto y hasta en ocasiones aguado, a este último se le conoce como americano pues la costumbre de rebajar sabores parece proceder del país colocado casi en la zona norte de ese continente.
El resultado puede acompañarse con diferentes medidas de leche: solo una nube, cortita, normal o generosa servida a diferentes temperaturas: ardiente, caliente, normal o fría; incluso existen paladares que lo saborean mejor incorporando un número indeterminado de gotas de coñac, ron, anís, licor de malta o calvados.
El líquido podemos edulcorarlo con sobrecitos de azúcar blanco, moreno, y en ciertos casos, sacarina. Algunas temporadas son propicias para añadir pequeños cubos de agua helada para enfriar lo que, hace un momento, ha sido calentado. Adornará el conjunto un detalle de cacao, galleta o ambos, colocados justo al lado de la cucharilla.
Esta suma de proposiciones o exigencias son superadas por perpetuos percusionistas: redoble entre molinillo y cafetera, rematado por uno o dos sonoros golpes sobre el cajón de residuos; personajes de oficio que permanecen protegidos tras una barrera en la que se amontonan una o varias filas de platillos, apilados de derecha a izquierda o en orden inverso dependiendo del lado de la barra en que uno se encuentre situado; los citados personajes demuestran gran habilidad en el momento de elegir vasos, tazas o tacitas ordenadas sobre la cafetera, como es costumbre, para obtener un completo secado.
Al recibir el preciado reconstituyente satisfacemos su importe y, si procede, recibimos el sobrante mientras un silencioso platillo espera inmóvil un plus voluntario que compense tamaña complejidad.
En los siguientes minutos es aconsejable mantener en equilibrio la bandeja y su contenido hasta ocupar un espacio hasta entonces vacío; en caso contrario su volcado obligará a repetir el proceso.
Finalizado el procedimiento se degustará con comodidad solo en el caso de disponer el tiempo suficiente para cumplir el horario del ferrocarril.
A principios del siglo XX los poetas populares denominaban la miseria reinante con el hermoso y musical giro lingüístico de mishiadura. Ya Platón, tres siglos y pico antes de Cristo, opinaba sesudamente: “el pueblo es un excelente maestro en materia de idioma”. Reconocía con ello que el lenguaje proviene del vulgo y que de él lo toman posteriormente los escritores, que lo credencializan en obra literaria.

Nunca me puse una remera del Che En el ejercicio diario de inventarse permanentemente, la verdadera cara la vamos teniendo cada vez más cerca de la nuca, porque cada década que vamos pasando nos hace mirar y mirar hacia atrás. Me pasó a los veinte, a los treinta, a los cuarenta años. En este preciso momento estoy replantando licopodium en el frente de casa y una mirada insidiosa me clava los ojos en la nuca. Es un chico de unos dieciocho años que está enclavado en la vereda con cara de perrito triste. Me pregunta por mi hija y le respondo que ha salido de compras con su madre, que viene a ser mi esposa. Asiente con la cabeza y se marcha. No le doy demasiada importancia al asunto porque vienen muchos amigos de mis hijos y casi ni me acuerdo de sus nombres, ni mucho menos de sus caras, debe ser porque las tienen siempre mirando hacia el frente, a lo que vendrá. En uno de mis viajes al patio para buscar tierra preparada, me encuentro con la sorpresa de que la vereda ha sido pintada con una inscripción amorosa que tiene como protagonista a mi propia hija. “Julia Te Amo”, garabateado a las apuradas parece. Insulto a los cuatros vientos para que algún vecino se digne a darme algún dato, pero eso no sucede. Entonces pienso en el muchacho y creo que doy en el clavo. La tierra tiene exceso de orujo y una serie de mosquitas negras se ha apoderado de gran parte del jardín, razón por la cual me pongo de mal humor y decido dejar todo tal cual y sentarme a ver el partido del sábado por la tarde. En la tranquilidad de un aperitivo y un contundente tres a cero de mi equipo favorito suena el timbre. El delgado muchachito se encuentra en el umbral con una rosa en la mano que ha cortado de mi jardín. Las ganas de partirle la cara que mira al frente se me van rápidamente al ver esa expresión de misericordia. Le pregunto si es de la escuela y me responde afirmativamente, lo hago pasar y le ofrezco algo de beber. Entonces oriento mi cara treinta años atrás y me veo tocando el timbre de un portero eléctrico y lidiando con el padre de mi mujer; es cierto que calzamos en moldes más que sabidos y este pibe con cara de foca mojada va a lograr su cometido, y qué más puedo hacer. Le pregunto si está enamorado de mi hija y titubeando responde que sí. Noto una peculiar remera que lleva puesta, es el rostro de Ernesto “Che” Guevara que mira al frente, aún no tiene la cara en la nuca, claro murió joven. Lo indago acerca del origen de esa cara, y me responde que cree que es la de un jugador de fútbol de la década del ’70. Pongo rostro de sorprendido, le recibo la flor y un sobre cerrado que es para mi hija.
Al anochecer, cuando el cuadro familiar está completo, y los chicos se preparan para salir, leo ofertas del supermercado en la cocina. Mientras mi mujer prepara la cena, de a poco le voy comentando lo ocurrido por la tarde, ambos estamos de espaldas. Su rostro poco a poco comienza a volcarse hacia su nuca, y ya no somos dos padres de familia, sino dos jóvenes locamente enamorados, yo le estoy entregando una rosa que he robado de algún jardín cercano, y ella entre tímida y decidida acepta la flor y mi primer beso.
Autor: Michel
Hoy es “Dani”. Un pibe de catorce años asesina a un hombre en medio de un intento de robo. “Dani” es detenido. Las empresas de comunicación copan la villa 21, villa en donde vivía “Dani” (hoy no, ahora no… porque está detenido). Comienzan las preguntas y las falencias: ¿cómo era su vida?, ¿consumía paco?, ¿a quiénes frecuentaba? La villa habla sobre sus necesidades: trabajo, organización, seguridad, educación, salud… y señala a un Estado ausente.
El Estado-nación argentino guarda, en su cajón más oscuro y olvidado, una realidad difícil de asumir (sobre todo para la clase media). El Estado argentino es el mayor responsable (por culpa de las promesas y funciones de aquellos que ocupan cargos en esta institución) de la muerte de diez niños y niñas por día debido a la falta de alimentación o al padecimiento de enfermedades curables (como bien señalaba un médico porteño: “en la Argentina, cada 20 días, tenemos un Cromañón silencioso”). Sin embargo, ante el genocidio silencioso que nuestro cotidiano vivir comparte no existen acusados, no existen juzgados, no existen espacios ni tiempos. En este genocidio no hay pedido de “pena de muerte” ni se discute “bajar la imputabilidad” ni ningún otro artilugio legal que ponga en cuestión esta situación. El genocidio legal pasea tranquilo (no por una calle, no por un barrio, no por una escuela) por todo el territorio sin dejar rastro ni huella. Sólo la muerte de diez niños y niñas por día… sólo eso.
Los mayores responsables tienen nombre y apellido, viven en sus casas, muchos han recibido una educación formal (estatal, por cierto) y disfrutan de buenos servicios de salud. Buena parte de los asesinos que mienten, traicionan y engañan a todo un pueblo, aquellos que han prometido solucionar problemas que jamás podrían resolver por sí; viven tranquilos, caminan libres y disfrutan de los beneficios de pertenecer y adherir a este genocidio legalizado.
Estoy esperando… estoy esperando que las empresas de comunicación cambien el foco… necesito saber, para que ya no se repita, dónde nació el hijo de puta de Carlos Saul Menem… que me muestren su barrio, que me muestren a sus amigos, que me digan adónde estudió, que tipo de drogas consumía (seguramente no era “paco”) y qué pensaban y piensan sus vecinos de él… y necesito saberlo porque es imprescindible no repetir las condiciones en donde los “asesinos del silencio” se construyen. Hay que desmotar la maquinaria en donde los menen, manzano, vila, ruckauf, duhalde, jaque y toda esta manga de delincuentes hacen sus migas para construir este sistema que oprime y discrimina. Que el dedo, de una vez por todas, señale hacia donde hay que señalar… aunque esta señal, no lo duden, nos llevará a otros barrios y a otros delitos. Muchas veces, serán barrios cercados y alambrados con seguridad privada. Muchas veces, serán negociados y robos al erario público. Pero, es evidente, el asesinato de guante blanco tiene estas características.
Sospechosamente Light
La résistence
El gobierno de la provincia de Mendoza, a cargo de Celso Jaque, adjudicó 11 de las 12 áreas petroleras que había licitado el ex gobernador Julio Cobos para su exploración y eventual explotación. En conjunto, las propuestas económicas suman casi 300 millones de dólares, y del total adjudicado, siete se otorgaron a Ketsal-Kilwer, una sociedad vinculada al grupo Vila-Manzano. La historia del “Imperio” podría resumirse así: El abogado Daniel Vila es la cabeza visible del holding. José Luis Manzano, ex ministro de Menem hizo una Maestría en EEUU, cuando se alejó de la política, y tomo contacto con Mas Canosa, un mafioso anticastrista radicado en Miami, ya fallecido. Es así que nace la sociedad Manzano-Canosa y Familia Vila, quienes decidieron invertir en el negocio de las comunicaciones en todo el país. Su estrategia de acumulación logró en los últimos 15 años la apropiación de los siguientes medios: Revista El Gráfico, Diario Uno; Primera Fila, Diario La Capital (Rosario. Multimedios La Capital). Diario Uno (Entre Ríos); Diario Nueva Hora (De Multimedios La Capital); Revista Poder; Radio La Red; Radio Rivadavia; AM Nihuil; FM Brava; FM Latinos; FM Montecristo; FM Ayer; Rosario Difusión SA (LT3); Voces SA (LT8); FM Cadena 100; FM Estación Del Siglo; FM Meridiano; LT15 Radio del Litoral (Concordia); LT 41 Radio Gualeguaychú; LT 39 Radio Victoria; Supercanal Holding; Canal 7 (Mendoza.); Canal 6 (San Rafael); Canal 2 ( Santa Fe); Señal Cablevisión Noticias (CVN); Horizonte (Mza.); Supercanal (Mza.); Trinidad TV (Mza.); CTC Cable (San Rafael); Telecable (Godoy Cruz); Su Canal (Luján de Cuyo); Pehuenche Cable (Malargüe); Cablevideo Señales Canal 4; Canal 11 y Río Canal. Se suman una serie alianzas estratégicas para obtener propiedades en otros rubros de influencias.
La Señora Bustamante
Desde que soy fan de
Abrumado por la crisis mundial y los conflictos internos, el gobierno provincial sigue sin darle en el clavo. Sigue sin comprender algunos hechos sobrenaturales que suceden en la administración pública. Resulta que ahora un “ente” pretende definir los montos y las causas de los aumentos tarifarios en electricidad. Montos estos que aún infladísimos siguen siendo poco, comparados con los cálculos del gobierno. Sorprendida por estos sucesos imprevisibles, la subsecretaria de servicios públicos salió a dar respuesta a las preguntas de los periodistas y a las acusaciones de los legisladores, que enfurecidos, pretenden poner en tela de juicio las predicciones inflacionarias, que tan trabajosamente el ministerio de infraestructura ha dibujado.Mendoza - 1/04/09 - Equipo editorial “desvío cósmico”.

Otredad
Narrativa Breve
Por Don Cósimo
Por Marcelo Padilla
por Daniel Potachner